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Agradar a Dios en primer lugar 31/07/2010
Evangelio: Mt 14,1-12 En aquel tiempo, el rey Herodes oyó lo que contaban de Jesús y les dijo a sus cortesanos: “Es Juan el Bautista, que ha resucitado de entre los muertos y por eso actúan en él fuerzas milagrosas”. Herodes había apresado a Juan y lo había encadenado en la cárcel por causa de Herodías, la mujer de su hermano Filipo, pues Juan le decía a Herodes que no le estaba permitido tenerla por mujer. Y aunque quería quitarle la vida, le tenía miedo a la gente, porque creían que Juan era un profeta. Pero llegó el cumpleaños de Herodes, y la hija de Herodías bailó delante de todos y le gustó tanto a Herodes, que juró darle lo que le pidiera. Ella, aconsejada por su madre, le dijo: “Dame, sobre esta bandeja, la cabeza de Juan el Bautista”. El rey se entristeció, pero a causa de su juramento y por no quedar mal con los invitados, ordenó que se la dieran; y entonces mandó degollar a Juan en la cárcel. Trajeron, pues, la cabeza en una bandeja, se la entregaron a la joven y ella se la llevó a su madre. Después vinieron los discípulos de Juan, recogieron el cuerpo, lo sepultaron, y luego fueron a avisarle a Jesús. Palabra del Señor. Gloria a ti, Señor Jesús.
Oración introductoria: Señor, ayúdame a vivir con fruto espiritual estos momentos, concédeme estar a la escucha de lo que Tú quieres transmitirme, enséñame el valor de la oración, pues de ella brota la fuerza para responder generosamente a tus llamadas.
Petición: Jesús, dame la gracia de escucharte siempre en mi conciencia.
Meditación: Herodes sentía cierto respeto por Juan el Bautista, pero ante la presión social, optó por cultivar su buena imagen y darles gusto a sus amigos. Cuando nos vienen las dificultades ¿qué ponemos primero? ¿Cuáles son los valores por los que optamos en los momentos más importantes de nuestra vida? ¿Buscamos agradar a Dios y hacer el bien a los demás? Dios nos ha dado todos los dones que tenemos, las gracias espirituales, la familia, la inteligencia, la formación, tantos medios materiales para que con ellos les demos gloria y hagamos el bien a nuestros hermanos. Para poner en práctica las enseñanzas del Evangelio de hoy fomentemos la oración de alabanza, ésta es una forma de reconocer que Dios es Dios y de darle gracias por todo lo bueno que ha hecho por amor a nosotros. En segundo lugar, tratemos de hacer siempre el bien con un corazón magnánimo y desinteresado. Por último, busquemos vivir con gran pureza de intención, no vayamos tras la alabanza propia, vivamos en paz agradando a Dios y que en eso consista toda nuestra alegría.
Reflexión apostólica: El católico descubre en la voz de su conciencia rectamente formada la voz de Dios que le guía por la senda de la caridad. Busquemos hacer siempre lo que Dios quiere y querer lo que Él permite para nuestro bien, fundiendo la propia voluntad con la de Dios.
Propósito: Hacer el bien en mi trabajo y en la familia sin buscar el agradecimiento o la alabanza.
Diálogo con Cristo: Señor, Tú sigues pasando, de modo misterioso, junto a cada hombre y cada mujer y nos invitas a seguirte en lo íntimo de nuestra conciencia. Ayúdame a adherirme firmemente a tu voluntad y a hacer de tu amor el centro de mi propia existencia.
«Una buena conciencia la tiene el hombre que es implacablemente sincero consigo mismo» (Cristo al centro, n. 1116).
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